Los vídeos virales de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides muestran dos cosas a la vez. Robots que esprintan baten el récord humano de 100 metros y, a la vez, robots que corren chocan contra las vallas y caen porque no pueden detenerse con facilidad. Algunos de los caídos se parten por la cintura entre chispas o se incendian.

Esa demostración simultánea de destreza y de límite procede de la segunda edición de los juegos, celebrada en Pekín del 22 al 26 de agosto. Como en la primera edición de 2025, este año se retó a los humanoides a correr rápido, ejecutar movimientos de kung fu o de baile, pelear en kickboxing y jugar al fútbol o al tenis de mesa.

Qué se puso a prueba

  • Atletismo: 100 metros lisos y salto de altura sin impulso; en ambos cayeron récords humanos.
  • Combate y exhibición: kung fu, movimientos de baile, kickboxing.
  • Juegos de equipo: fútbol y tenis de mesa.
  • Escenarios prácticos: lavar y tender ropa, donde los robots quedaron por detrás del ritmo humano.

El avance es real

Que los humanoides pasaran de quedarse por detrás de los plusmarquistas humanos el año pasado a superar récords mundiales en los 100 metros y en salto de altura sin impulso este año apunta a un progreso considerable.

Dipam Patel, doctorando en informática por la Universidad de Purdue y ayudante de investigación en el laboratorio de investigación del Ejército estadounidense, lo valora así: "Todo eso demuestra control de cuerpo completo, porque hay que mover todas las articulaciones, manos, piernas, brazos, tronco, todo, para lograr esa tarea. Así que ha habido sin duda un enorme empujón de ingeniería desde la vez anterior hasta esta".

Pero no son de propósito general

Esos mismos robots siguen muy lejos de ser máquinas autónomas capaces de asumir prácticamente cualquier tarea. La razón está en la decisión de diseño: fueron construidos para cumplir una sola tarea.

La prueba está en el propio espectáculo. Los robots corredores esprintaron en línea recta y ni siquiera pudieron frenar continuando por la pista tras la meta. Patel lo describe sin rodeos: "Si cruzas la línea de meta, ese es el objetivo; da igual si te paras y da igual si te caes en pedazos. Algunas empresas tenían distintos tipos de robots para distintos juegos o tareas, porque estaban diseñados para ser los mejores en esa tarea".

Los juegos de este año probaron también escenarios prácticos más prosaicos, como lavar y tender ropa. Ahí los robots quedaron por detrás del ritmo de trabajo humano habitual.

Por qué se hacen estas exhibiciones

Entre los organizadores figuran medios estatales chinos y el gobierno municipal de Pekín. El objetivo es mostrar el potencial comercial de los robots humanoides en un momento de rápido desarrollo de la industria robótica del país.

Las carreras y los eventos vistosos ofrecen un espectáculo entretenido que genera titulares fáciles y vídeos virales. Según Patel, también dan a las empresas de robótica la oportunidad de captar notoriedad y dinero de inversores destacando sobre la competencia.

Un robot desarrollado por la empresa pekinesa X-Humanoid se hizo viral al ganar la carrera de 400 metros en grupo reducido con una postura inusual: los brazos alzados junto a la cara, como alguien tímido escondiéndose tras las manos. Sus desarrolladores afirman que el robot dio con esa postura por sí mismo mediante ensayos de aprendizaje por refuerzo en simulación, pasando del braceo humano a mover los brazos junto a la cara mediante rotaciones de cadera.

Por qué importa

Una sugerencia de Patel muestra cómo podrían ganar valor los juegos como medición: retar a los robots a correr la misma carrera diez veces. Eso mediría lo que un espectáculo puntual no puede: constancia y resistencia.

Esa distinción es lo que conviene retener al leer noticias de robótica. Cuando cae un récord, lo que se mide es lo que un robot hizo una vez, en condiciones ideales, en una sola tarea. El valor comercial está en lo contrario: qué puede hacer en condiciones corrientes, repetidamente y en tareas distintas.

Las imágenes de robots ardiendo dicen lo mismo. Un sistema ajustado para cruzar la meta no tiene en cuenta lo que viene después de la línea.