Los robots humanoides viven su momento en China. Estas máquinas populares forman parte de la estrategia del país para llevar la inteligencia artificial a la vida cotidiana. Incrustar la tecnología en sistemas físicos —una idea llamada IA encarnada— fue un eje del último plan quinquenal chino, y las empresas del país ya lideran el mundo en humanoides.
La cifra lo deja claro: cerca del 90 por ciento de los más de 13.000 robots de dos brazos y dos piernas entregados en todo el mundo el año pasado se fabricaron en China.
Un día a las afueras de Shanghái
La escena que describe MIT Technology Review es la cara pública de esa estrategia. En un carnaval de robots organizado por un centro de investigación a las afueras de Shanghái, un niño de once años grita entusiasmado mientras ve a su nuevo perro robot en miniatura intentar el pino. Es festivo y las familias curiosas llegan en masa.
El polo alberga más de 100 empresas que investigan, desarrollan, fabrican y comercializan tecnologías robóticas. Muchas construyen robots especializados de todas las formas para tareas prácticas, como transportar cargas pesadas o inspeccionar tuberías de alcantarillado.
Ese día, sin embargo, casi todo es exhibición. A unos metros de donde los padres hacen cola para comprar el perro robot, dos empleados enseñan a los pequeños a hacer que un robot cuadrúpedo suba una escalera. Más allá estalla una reñida batalla entre dos robots teledirigidos que se disparan bolitas de agua mientras los niños animan alrededor de un ring provisional. Un empleado declara el duelo en tablas.
Por qué importa la exhibición
Muestras como esta cumplen una función: invitan al público a experimentar los robots de cerca. Algunas de las empresas de robótica más destacadas de China construyen humanoides. Estas máquinas "pueden liberar a las personas del trabajo físico y de las tareas rutinarias", afirma Yang Duan, responsable de producto de DexForce, que exhibe un modelo capaz de preparar café. Unos puestos más allá, un par de brazos robóticos intenta doblar una cesta de camisetas.
La exposición cuenta porque en otros lugares el avance de los humanoides ha sido lento, lastrado por varios obstáculos:
- Seguridad: su peso y la necesidad de mantener el equilibrio sobre dos piernas generan riesgo.
- Precio: el coste elevado limita su atractivo.
- Autonomía: la corta duración de la batería restringe el uso práctico.
- Forma: muchos especialistas dudan de que la figura humana sea la mejor para un robot.
Ganar corazones
Las empresas chinas siguen adelante de todos modos y exhiben sus últimos modelos. Mientras este carnaval transcurre en Shanghái, centros comerciales y lugares turísticos de otras ciudades chinas acogen humanoides que actúan ante el público. En Pekín, robots bípedos corren medias maratones.
La campaña de imagen parece estar funcionando, al menos ese fin de semana en Shanghái. De la carpa principal salen aplausos: un humanoide con un top brillante exhibe el estilo de lucha conocido como boxeo del borracho mientras otro hace un salto mortal hacia delante para conquistar al público. Junto al escenario, un pelotón de pequeños leones robóticos espera su turno. Los espectadores no se cansan y corean: "Más, más, más".
Por qué importa
Esta escena es menos un lanzamiento de producto que un ejercicio de aceptación. Los problemas técnicos de los robots —peso, equilibrio, batería— son de los que la ingeniería acaba resolviendo. Pero que una tecnología entre en la vida cotidiana no depende solo de que funcione: depende de que la gente acepte dejarla entrar en su casa, su trabajo y su calle.
China trata esa segunda mitad como un trabajo aparte. El carnaval, los robots que corren medias maratones y las actuaciones en centros comerciales no forman parte de una hoja de ruta técnica, sino de una construcción de hábitos. Al margen de lo que los robots sepan hacer, está creciendo una generación que no los encuentra extraños.