Cuando habla, suena como un tipo normal. Su creador, Bartosz Idzik, lo describe así: "no es superinteligente, pero es muy emocional, muy fácil hacerse amigo suyo". Cuando calla, cuesta más olvidar lo que es: un robot humanoide de 1,20 metros que pasea por las calles de Polonia.
Lo que cambió al empezar a hablar
Hace seis meses Idzik y su amigo Radosław Grzelaczyk decidieron comprar un robot humanoide en China. Lo llamaron "Edward Warchocki" por Eddie, el perro de Grzelaczyk, y por la palabra polaca para gruñir, "warczeć"; además suena como un nombre polaco creíble.
Los primeros días Edward no podía hablar y la gente le tenía miedo de forma evidente. Idzik, desarrollador de software, conectó el robot a un gran modelo de lenguaje y le dio conversación en directo en polaco. "Cuando empezó a hablar, la gente lo adoró. Sin hablar, es solo una máquina de 40 kilos", dice Idzik.
Edward hizo amigos rápido. Visitó el parlamento polaco y habló con políticos, subió montañas, se metió en un lago y la policía lo detuvo en broma. En abril, un vídeo suyo ahuyentando jabalíes en Varsovia, con mochila y un Rolex, se hizo viral en todo el mundo. Hoy acumula más de un millón de seguidores y 4.000 millones de visualizaciones.
Todos el mismo aparato
En 2026 es casi seguro que ha visto alguno de estos humanoides influencers. Está "Rizzbot", que lleva sombrero vaquero y piropea a los viandantes en Austin; "Bart Robot", que bailó breakdance con aficionados de los Knicks en Nueva York; y el "Brickell Clanker", que se cambiaba de camiseta para celebrar con los hinchas tras cada partido del Mundial.
Salvo que haya prestado mucha atención, quizá no se haya dado cuenta de que todos son el mismo modelo. El Unitree G1 es uno de los robots humanoides más disponibles y asequibles del mercado global, fabricado por una empresa china que lidera el sector de la robótica.
El G1 tiene aproximadamente el tamaño de un niño, con la cara ahuecada y rodeada por un anillo de luz azul y extremidades de aluminio gris claro. Ha aparecido en un concurso de talentos, ha hecho kung fu, ha boxeado, ha corrido parkour, ha bailado en conciertos, ha corrido con niños, ha intentado cocinar sin éxito, ha retransmitido en directo, ha sido ordenado monje en Japón y Corea y ha rezado en una mezquita de Dubái.
No en el laboratorio, en la calle
Unitree saldrá a bolsa en China en unas dos semanas. Sus cuentas muestran hasta qué punto se venden sus productos: a diferencia de la mayoría de empresas de robótica, cuyos productos siguen en fase de pruebas, más de la mitad de los ingresos de Unitree en 2025 procedió de humanoides entregados a clientes reales.
- Robots humanoides entregados en 2025: 5.511
- Precio medio de venta: menos de 25.000 dólares
- Ventas fuera de China: 43 por ciento
- La empresa obtuvo beneficios por primera vez el año pasado
El veredicto de Idzik resume dónde está el sector: "Probamos muchos humanoides y el G1 era el mejor para nuestro propósito. Estamos acostumbrados a que China copie a otros países, pero desde esa perspectiva..."
Hardware más barato, software localizado
El detalle técnico de verdad en la historia de Edward no está en el hardware. Recién sacado de la caja, el robot es una curiosidad; lo que acercó a la gente fue que el desarrollador conectara el aparato a un modelo de lenguaje y lo hiciera hablar polaco. Es decir, lo que llama la atención en la calle no es cómo camina el robot, sino cómo habla.
Esa distinción es relevante para el sector. Cuando el hardware de robots humanoides baja de los 25.000 dólares y entra en producción en serie, lo que diferencia a un aparato ya no es la mecánica, sino el software que se le pone encima. El mismo cuerpo G1 puede convertirse en un fenómeno callejero que charla en el idioma local en un país y en una mascota que baila en otro.
Las cuentas de Unitree respaldan este cuadro: más de la mitad de sus ingresos viene de entregas a clientes reales y el 43 % de sus ventas, de fuera de China.