¿Qué ocurrió?
Con Studio 2.0, Suno convierte su plataforma de música con IA en una estación de audio digital guiada por chat para suscriptores Premier. Una nueva función de chat, en fase beta, permite hablar con Studio como con un compañero de banda: crear instrumentos, voces o plugins personalizados escribiendo en lenguaje corriente.
La actualización añade además importación, grabación y edición de MIDI, separación de pistas, curvas de automatización y exportación multipista sin restricciones a 32 bits/48 kHz.
Por qué importa tanto el MIDI
Suno afirma que el MIDI era su función más solicitada y que resulta prácticamente imprescindible en cualquier DAW moderno. Studio todavía no parece admitir plugins de terceros ni VST, así que el usuario queda limitado al sintetizador propio integrado: un plugin básico de tabla de ondas con dos osciladores, tres envolventes y cuatro LFO.
Pero la cuestión no es tanto usar una emulación favorita de sintetizador clásico como emplear los datos MIDI a modo de indicación. Se pueden tocar unos acordes y pedirle a Suno que los convierta en audio, que extienda una melodía o que escriba una parte B a partir de lo tocado. También se ha añadido la automatización: el volumen y el panorama de cada pista pueden variar a lo largo del arreglo.
Qué hace el chat
El chat incorporado a la interfaz de Studio no es un generador aislado: está ligado a la sesión actual y recoge el contexto musical del proyecto. Una petición como "haz que esta pista vocal suene mejor" acaba en la adición de reverberación, compresión y ecualización. Studio incorpora ahora también un conjunto de efectos sencillos integrados: distorsión, retardo, reverberación, compresión y ecualización.
Lo más interesante del chat es la posibilidad de crear plugins de efectos personalizados. Pueden ser reverberaciones únicas, compresiones de tipo brickwall o efectos de chorus, y quedan guardados en la cuenta para reutilizarlos más adelante. Crear plugins no consume créditos por ahora, aunque Suno indica que podría llegar un sistema de créditos.
Qué le queda al usuario
Studio 2.0 está claramente más equipado que la primera versión, pero la versión beta del chat deja todavía menos trabajo al usuario. En el vídeo de demostración de la compañía, Henry Phipps, de Suno, limpia algunas notas mal tocadas y cuantiza el MIDI para después decir que debería estar pidiéndole todo eso al chatbot. También deja en manos de la IA la elección de la cadena de efectos para la voz en lugar de seleccionarlos él.
Eso resume la tensión interna del producto: cuanto más se parece la herramienta a un estudio real, más control tiene el usuario; y cuanto mejor funciona el chat, menos necesidad hay de ejercer ese control.
El contexto de la exportación sin límites
La exportación sin restricciones destaca en el contexto de las medidas recientes de Suno contra el spam musical generado con IA. El consejero delegado Mikey Shulman había implantado nuevos límites de descarga en los niveles inferiores para frenar la distribución masiva de canciones generadas con IA en las plataformas de streaming. Los suscriptores Premier siempre han tenido exportación sin restricciones, señal de que Suno considera que los profesionales de pago suponen un riesgo menor de spam.
Novedades de Studio 2.0
- MIDI: importación, grabación y edición, la función más solicitada
- Automatización: el volumen y el panorama pueden variar a lo largo del arreglo
- Efectos integrados: distorsión, retardo, reverberación, compresión, ecualización
- Chat: lee el contexto musical de la sesión y puede crear plugins de efectos propios
- Exportación: multipista a 32 bits/48 kHz, sin restricciones en Premier
- No admitido: plugins de terceros y VST
El lado de los derechos de autor
La compañía también recibe críticas por usar material protegido para entrenar sus modelos musicales. Un tribunal alemán dictaminó que el servicio infringe la ley alemana de derechos de autor y que el entrenamiento no se ampara en la doctrina estadounidense del "uso legítimo".
Leído junto al giro del producto hacia una herramienta profesional, ese panorama legal plantea una pregunta: el valor de un programa de estudio depende de que su resultado pueda utilizarse, y esa utilización se está discutiendo ahora mismo en los tribunales.