Starcloud, una empresa emergente que desarrolla satélites capaces de ejecutar inferencia de inteligencia artificial en órbita, comunicó a TechCrunch que ha sumado una ampliación de 250 millones de dólares a la ronda de serie A de 170 millones que cerró en marzo. La ampliación sitúa su valoración en 2.300 millones de dólares.
Manhattan West Ventures lideró la operación. Nvidia y Cisco participaron; según una persona conocedora del acuerdo, Nvidia aportó 25 millones de dólares. También entraron Benchmark, EQT, Soma, NFX, 776, Cedar Capital, Goanna Capital y Standard Capital.
El dinero va al lanzamiento, no al silicio
Lo revelador de esta ronda es hacia dónde se dirige el capital. El director ejecutivo de Starcloud, Philip Johnston, explica que parte financiará una planta de fabricación mayor y hará avanzar Starcloud-3, la nave de centro de datos orbital más grande de la compañía. Pero el motivo de fondo para acumular efectivo es otro: asegurar ya la capacidad de lanzamiento.
"Vemos lo que viene: vamos a necesitar reservar una cantidad enorme de lanzamientos", afirma Johnston. La empresa ya ha solicitado a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos permiso para operar 88.000 naves espaciales. Según él, asegurar esa capacidad se ha convertido en una de las mayores partidas de coste.
La estrechez viene del cambio de vehículo de SpaceX. El programa Falcon 9 tiene previsto terminar en 2028 y el mucho mayor Starship que debe sustituirlo sigue sin estar probado. Los cohetes rivales no están en condiciones de cubrir ese hueco:
- New Glenn, de Blue Origin, y Vulcan, de ULA, no vuelan con regularidad.
- Neutron, de Rocket Lab, todavía no ha llegado a la plataforma de lanzamiento.
- En cuanto a Starship, Elon Musk anunció que el intento de capturar un cohete en su regreso se retrasa unos meses y que el primer revuelo del vehículo llegará a final de año o a principios de 2027.
La reserva de Johnston es directa: "Evidentemente, si no logramos reservar capacidad de lanzamiento con SpaceX en 2029, será difícil para nosotros".
Primero vuelos compartidos, después cohete propio
De momento la empresa sigue un plan más modesto. Dos de sus satélites de cómputo de nueva generación, de 8 kilovatios y bautizados Starcloud-2, llegarán a órbita en vuelos compartidos en 2027. Realizarán tareas de inferencia orbital para clientes entre los que figuran agencias del gobierno estadounidense. Starcloud también estudia comprar un lanzamiento dedicado de Falcon 9 y firmar contratos con otros proveedores.
El interés de Nvidia es técnico
Johnston presenta la inversión de Nvidia como prueba de la ventaja de su empresa en un sector incipiente. Starcloud es, hasta donde se sabe, la única compañía que opera en órbita una tarjeta gráfica Nvidia H100 de clase centro de datos, y la primera que ha entrenado un modelo con ella. La mayoría de los procesadores gráficos enviados al espacio están pensados para procesamiento en el borde.
La compañía comparte lo aprendido con Nvidia, que desarrolla Vera Rubin Space-1, su primer procesador gráfico diseñado específicamente para el espacio. Ese chip aún no se ha fabricado; Starcloud espera ponerlo en órbita a finales de 2028.
"La razón por la que han decidido invertir ahora son todos los datos que obtuvimos de Starcloud One", dice Johnston. "Hicieron mucho más trabajo técnico que cualquier otro fondo de capital riesgo".
Por qué importa
Los centros de datos en órbita se venden como una salida a los problemas de energía, agua y suelo que afrontan los terrestres. La ronda de Starcloud sugiere que el verdadero cuello de botella del sector es logístico, no de cómputo. Mientras no se estabilice el precio de poner un kilogramo en órbita, seguirá sin saberse si la inferencia espacial puede competir en coste con un centro de datos en tierra.