Nvidia utiliza todas las palancas a su alcance para sostener la ola de construcción de inteligencia artificial que sustenta su propia fortuna. La compañía ha anunciado una alianza con Cloverleaf Infrastructure, una firma que prepara el terreno para los centros de datos.
Cloverleaf se fundó en 2024 y captó 300 millones de dólares ese mismo año. Funciona como una suerte de intermediaria entre las compañías eléctricas y los centros de datos: aporta las fuentes de energía y otras infraestructuras decisivas para el desarrollo de los emplazamientos.
No se han hecho públicos los términos. The Wall Street Journal informa de que la inversión de Nvidia en Cloverleaf sumará probablemente varios cientos de millones de dólares. Según Reuters, el fabricante posee ya una participación minoritaria.
La rueda se mueve sola
La operación forma parte de la estrategia de Nvidia de destinar sus enormes beneficios a mantener girando la rueda de la inteligencia artificial. La compañía asume un papel cada vez más directo en la financiación y el desarrollo de los centros de datos que después le compran sus sistemas. Esa misma semana anunció una inversión de 1.500 millones de dólares en SB Energy, un proyecto de centro de datos radicado en Ohio y vinculado a OpenAI.
El circuito es evidente: Nvidia financia la construcción de un centro de datos, ese centro compra chips de Nvidia y el beneficio de la venta financia el siguiente. El fabricante acaba produciendo una parte de su propia demanda.
Por qué una intermediaria eléctrica
Lo que hace Cloverleaf parece, a primera vista, muy alejado del terreno de una empresa de chips. Cobra sentido en cuanto se considera hacia dónde se ha desplazado el cuello de botella del sector.
- El silicio ya no es la única restricción: un procesador no puede funcionar sin una conexión a la red que lo alimente.
- Las colas de conexión duran años: el trámite con las eléctricas es el eslabón más lento del calendario de cualquier centro de datos.
- Suelo y subestaciones: esa parte del desarrollo no es la especialidad de un fabricante de chips, pero determina directamente la velocidad de entrega.
Nvidia no se limita, por tanto, a financiar a su cliente: invierte en eliminar el paso más lento que ese cliente tiene por delante. Compra aquello que su producto necesita para llegar siquiera a instalarse.
También entraña un riesgo
La cara oscura de este modelo es que dificulta leer la demanda. Cuando un fabricante de chips participa en el capital de su cliente, el pedido de ese cliente deja de ser una señal independiente. Para un inversor la pregunta pasa a ser: ¿las ventas reflejan demanda de mercado o dinero salido del propio balance del fabricante?
Cuanto más avanza la compañía por ese camino, más difícil resulta interpretar las cifras de crecimiento del sector. Nvidia no ha respondido a esa cuestión: no atendió la solicitud de información de TechCrunch.