El 75 por ciento de los estadounidenses se opone en la actualidad a que se construya un centro de datos cerca de donde vive, según una encuesta publicada por Heatmap News. Entre quienes se oponen, el 61 por ciento eligió la opción "totalmente en contra". El periodista de Heatmap News Robinson Meyer describe el resultado como "un giro rápido y masivo".
Un cuadro que se invirtió en doce meses
Lo que da peso a estas cifras es que la misma pregunta se formuló a intervalos regulares durante un año entero. En agosto de 2025 la opinión estaba casi partida por la mitad: 43 por ciento a favor y 42 por ciento en contra. El rechazo alcanzó una mayoría ajustada por primera vez en febrero de 2026. En ese intervalo subió más de treinta puntos.
Los vuelcos de esa magnitud son poco frecuentes en investigación de opinión pública. Si se tratara de una sola encuesta, cabría discutir el margen de error. Pero un sondeo de Gallup realizado en mayo de 2026 encontró un 71 por ciento de rechazo y un 48 por ciento de rechazo firme. Dos estudios independientes apuntan en la misma dirección.
Las preocupaciones son facturas, no abstracciones
Los tres asuntos que los encuestados mencionaron con más frecuencia son estos:
- Coste local de la electricidad: cómo la carga que un centro de datos impone a la red acaba reflejada en la factura doméstica.
- Uso de agua: cuánta extraen los sistemas de refrigeración de las reservas hídricas de la zona.
- Uso del suelo: la superficie que ocupan las instalaciones y su efecto sobre el entorno residencial.
La composición de esa lista merece atención. Ninguno de los tres puntos tiene que ver con la inteligencia artificial en sí. La gente no debate qué hacen los modelos, a quién dejan sin trabajo o con qué datos se entrenaron. Debate la factura de la luz, el agua del pozo y el solar vacío a las afueras del pueblo. El rechazo crece sobre un terreno de infraestructura, no de ideología.
Ya es un asunto de campaña
Uno de los hallazgos más llamativos es que los centros de datos figuran ahora por encima del racismo y de la cuestión israelí como tema de campaña. Un tipo de infraestructura cuyo nombre la mayoría de los votantes no habría sabido citar hace unos años se cuenta ya entre los asuntos que orientan el voto.
El desglose por partido y por división urbano-rural aparece en el informe completo de Heatmap News. El punto decisivo es que el rechazo no se concentra en un solo campo político: llegar al 75 por ciento exige que votantes de ambos partidos se hayan movido en la misma dirección.
Por qué importa
El plan de crecimiento del sector de la inteligencia artificial depende de nueva capacidad de centros de datos, y dónde se construye esa capacidad lo deciden permisos locales, decisiones urbanísticas y cargos electos municipales. Un vuelco de esta magnitud y a esta velocidad sugiere que la restricción real del sector puede no ser el suministro de chips ni el capital, sino el permiso. Una mayoría del 75 por ciento en contra de una instalación pesa en un pleno municipal.
Conviene señalar algo que la encuesta no mide: los encuestados no dicen oponerse a los centros de datos en general, sino a que se construya uno cerca de ellos. Esa distinción convierte el problema del sector en político antes que técnico, y los problemas políticos no se resuelven con un sistema de refrigeración mejor.