Según el informe de septiembre de 2026 de BloombergNEF, los centros de datos de Estados Unidos podrían convertirse en uno de los mayores consumidores de gas natural del mundo hacia 2035.

La proyección ronda los 18.000 millones de pies cúbicos diarios. Esa cifra supera el consumo combinado de Alemania y Japón.

Una previsión que se duplicó en nueve meses

Lo llamativo no es la cifra en sí sino la velocidad a la que creció. La previsión de la misma firma nueve meses antes rondaba la mitad.

Una revisión de ese tamaño muestra lo rápido que caducan los supuestos en que se apoya la proyección. La demanda de cómputo impulsada por la IA se mueve más rápido de lo que acostumbra la planificación energética.

Cómo se reparten las cifras

El informe separa el consumo en dos apartados: instalaciones conectadas a la red e instalaciones que generan su propia electricidad in situ.

ConceptoConsumo diario
Aumento en instalaciones conectadas a red, 203515.000 millones de pies cúbicos
Instalaciones con generación propia, 20352.900-3.400 millones de pies cúbicos
Generación propia hoy2.900-3.400 millones de pies cúbicos

La tercera fila ofrece una comparación interesante: lo que consumen hoy las instalaciones con generación propia es comparable al consumo total de todos los centros de datos. El crecimiento se espera del lado de la red.

La distinción también importa en la práctica. Una instalación conectada a la red carga la infraestructura existente; una que construye su propia central crea directamente un nuevo consumidor de gas. El tratamiento regulatorio de ambas tampoco es el mismo.

El lado climático

Según la Agencia Internacional de la Energía, quemar un pie cúbico de gas natural libera el equivalente a unos 60 gramos de dióxido de carbono.

A ese ritmo, la demanda adicional de centros de datos equivale a cerca de 1 millón de toneladas métricas diarias de contaminación por gases de efecto invernadero. El informe lo sitúa en torno al 12 por ciento de las emisiones totales actuales de EE. UU.

Por qué gas

Los centros de datos aparecen como el segundo motor más fuerte del crecimiento de la demanda de gas hasta 2035, tras las exportaciones de gas licuado.

La razón es simple: las cargas de IA quieren potencia continua y previsible, un perfil de demanda que las renovables intermitentes no cubren por sí solas. El gas es la opción más disponible para atender ese perfil sin inversión en almacenamiento.

La elección tiene además una dimensión temporal. Las centrales de gas que se construyen hoy reciben inversión para funcionar durante décadas; un aumento de demanda a corto plazo puede convertirse así en un compromiso de emisiones a largo plazo.

Los límites

Esto es una proyección, no una medición. Una previsión que se duplicó en nueve meses no garantiza moverse igual en los nueve siguientes; las ganancias de eficiencia o una desaceleración de la demanda podrían bajarla con la misma rapidez.

Para los países importadores de gas la conexión es indirecta y pasa por el precio. Un aumento de esta escala en la demanda global alimenta sus costes energéticos, y el cálculo de las inversiones locales en centros de datos se apoya en ese precio.