Mientras los promotores de centros de datos compiten por una parte de los cientos de miles de millones de dólares que fluyen hacia la inteligencia artificial, la cola para conectarse a la red eléctrica británica se ha atascado con proyectos que probablemente nunca se construirán. El embotellamiento agrava unos plazos de espera que ya duraban años para los proyectos viables y desbarata los intentos de prever la demanda energética y planificar la ampliación de la red.
Las cifras
La cola empezó a hincharse hacia finales de 2024, coincidiendo con la declaración gubernamental de los centros de datos como "infraestructura nacional crítica".
- Noviembre de 2024: demanda total de energía de los proyectos en cola, 41 gigavatios.
- Junio de 2025: la misma cifra, 125 gigavatios.
- De ellos, 73 gigavatios proceden de nuevos centros de datos: una vez y media el pico de demanda de todo el país el año pasado, y subiendo.
El gobierno cree que buena parte de esa demanda es un espejismo. Taco Engelaar, director general de la empresa de optimización de redes Neara, lo dice sin rodeos: "Es absolutamente demencial. Nadie entiende realmente cuál será la demanda real de la red por culpa de estos proyectos fantasma".
El problema está en los incentivos
La cola abarrotada es en buena medida producto de un problema de incentivos. Como los promotores afrontan años de espera para acceder a la red y entrar en la cola costaba hasta ahora solo unos miles de dólares, bien pueden solicitarlo aunque no tengan un plan sólido para desarrollar el emplazamiento. Es una apuesta sin pérdidas que les cubre ante un futuro donde la demanda de cómputo siga por las nubes.
El coste lo pagan otros. Los operadores de red deben calcular el efecto combinado de las grandes propuestas de infraestructura sobre la estabilidad antes de conceder cada conexión. Olivier Darmouni, profesor de finanzas en HEC París, explica el mecanismo: "Tienen que tratar cada proyecto como serio cuando estudian si el sistema puede soportarlos. Los proyectos más especulativos son especialmente dañinos porque vuelven esos estudios más complejos, más caros y más largos".
Una cola larga atrae además a promotores intermediarios que solicitan potencia con la intención de revender después el suelo con sobreprecio, empaquetado junto al acceso a la red. Darmouni lo compara con la reventa de entradas: "La congestión se alimenta a sí misma y se descontrola".
La solución propuesta y su dilema
Ofgem, el regulador energético, ha presentado una propuesta para expulsar de la cola a los centros de datos fantasma. Los promotores tendrían que depositar una fianza elevada y no reembolsable que podría dispararse hasta cientos de millones de dólares en las instalaciones más grandes. También deberían tener clientes comprometidos de antemano y demostrar que disponen de financiación para completar las obras.
Ofgem afronta un problema de equilibrio: la reforma debe pesar lo suficiente para disuadir a los especuladores, pero no tanto como para empujar los proyectos legítimos a otros países. De lo contrario, la capacidad de cómputo que requieren las ambiciones del país en inteligencia artificial se marcha a otra parte.
El sector expresa ese riesgo. Alex Burgoyne, responsable de centros de datos en la consultora inmobiliaria Knight Frank, advierte de que la ola constructora está trayendo una enorme inversión de capital al país: "No queremos matar a la gallina de los huevos de oro".
Por qué importa
Este atasco no es exclusivo del Reino Unido; problemas de congestión similares afectan a Estados Unidos y a países de toda Europa. Pero mientras Estados Unidos es un mercado muy atractivo, las reformas de Ofgem podrían convertir al Reino Unido —ya poco apetecible por el alto coste de la energía y la escasez de suelo— en uno de los lugares más caros del mundo para construir un centro de datos.
La lección de fondo tiene que ver con cómo deben leerse las cifras en el debate sobre infraestructura de inteligencia artificial. "Se planean tantos gigavatios de centros de datos" suena a previsión, pero a menudo no refleja más que un recuento de solicitudes. Mientras solicitar salga barato, esa cifra no mide la demanda real sino las apuestas hechas sobre la posibilidad de que exista.