Anthropic aplica probablemente los controles de acceso más estrictos de cualquier gran proveedor de inteligencia artificial cuando se trata de China. La compañía verifica números de teléfono, tarjetas de crédito extranjeras y direcciones de facturación. Veta a empresas participadas en más del 50 por ciento, directa o indirectamente, por entidades radicadas en regiones no admitidas. A ciertos usuarios les exige incluso verificación de identidad con un selfi en directo.

Aun así, los desarrolladores chinos pueden comprar tokens de Claude por cerca del 10 por ciento del precio oficial. Los hallazgos proceden de un análisis detallado de Zilan Qian, investigadora del Oxford China Policy Lab.

Cómo funcionan las "estaciones de transferencia"

El nombre que le da la comunidad de desarrolladores chinos es "estación de transferencia": servidores intermediarios de interfaz de programación alojados fuera de China. El mecanismo es sencillo: aceptan las peticiones, las reenvían como si procedieran de una ubicación legítima y devuelven la respuesta.

Para el usuario la fricción es casi nula. El pago se hace en yuanes mediante aplicaciones locales. Sin red privada virtual ni tarjeta extranjera. Las estaciones más populares figuran en directorios comunitarios ordenados por precio y disponibilidad.

Cómo cae tanto el precio

La décima parte del precio no aparece sola. Los operadores rebajan costes por dos vías:

  • Explotar créditos gratuitos: los créditos promocionales de cuentas registradas en masa alimentan el fondo común.
  • Sustituir modelos: cuando el usuario pide un modelo caro, la petición puede desviarse en silencio a una alternativa más barata.

Ese segundo punto es además un problema de fiabilidad para el desarrollador que compra el servicio: no puede estar seguro de que se ejecutara el modelo que pagó.

Quién lo usa

Según Qian, entre los clientes probablemente figuran laboratorios chinos que buscan destilar modelos occidentales, es decir, aprender de las salidas de un modelo más potente para mejorar más rápido los suyos.

Pero la base de usuarios va mucho más allá. Estudiantes, investigadores, desarrolladores, empleados del sector, empresas, creadores de aplicaciones y aficionados usan estos servicios. Qian subraya que estas redes de intermediarios, discutidas en Estados Unidos sobre todo como un problema de seguridad, forman en realidad parte de un mercado comercial mucho más amplio de acceso a Claude en China.

Por qué cuesta cerrarlo

El análisis describe la estación de transferencia como un actor en medio de una cadena de suministro modular. Aguas arriba, intermediarios registran cuentas en masa, plataformas de verificación por SMS proporcionan números extranjeros y especialistas en ingeniería inversa estudian los métodos de detección de la compañía.

Lo que dificulta desmantelar esa estructura es precisamente su modularidad: cortar un eslabón no detiene la cadena, solo hace que se sustituya.

Por qué importa

La advertencia central del análisis no trata del acceso sino de la visibilidad. La capacidad de un proveedor para vigilar el uso indebido depende de poder ver quién hace qué. Las peticiones que llegan por un intermediario rompen ese vínculo: el proveedor ve la actividad de una cuenta que parece legítima, no al usuario real que hay detrás.

Eso debilita el supuesto básico en el que se apoyan las evaluaciones de seguridad. Cuando una empresa afirma que vigila el uso indebido de su modelo, lo que puede vigilar se limita a lo que aparece en sus propios registros.

Una segunda consecuencia es más indirecta: esta cadena alimenta también mercados delictivos construidos en torno al fraude de identidad y de pagos. Las identidades y los números falsos necesarios para registrar cuentas en masa se venden además para otros fines.