Andrew Bailey, gobernador del Banco de Inglaterra y presidente del Consejo de Estabilidad Financiera, ha señalado riesgos crecientes para el sistema financiero mundial en una carta a los ministros de Finanzas del G20. El consejo coordina la regulación financiera entre los países del G20, y la inteligencia artificial ocupa el centro de la carta.
El sistema absorbió el golpe del conflicto en Oriente Medio, escribe Bailey, pero las condiciones siguen tensas: los precios de la energía oscilan, los tipos de interés han subido y los activos de riesgo mantienen valoraciones altas.
La preocupación es el apalancamiento, no la valoración
Junto a la fragilidad de los mercados de deuda pública y la opacidad del crédito privado, Bailey menciona expresamente las valoraciones infladas de la IA. Pero lo que más le inquieta no es la valoración en sí, sino cuántos inversores especulan ya con dinero prestado.
Los elementos que señala:
- Fondos cotizados apalancados y estrategias seguidoras de tendencia que atraen cada vez a más inversores minoristas.
- Fondos de cobertura con posiciones simultáneas en acciones y deuda pública, una mezcla que facilita que un problema en un mercado salte al otro.
Sus propias palabras: "Como hemos visto muchas veces en el pasado, el aumento del apalancamiento es un rasgo de un ciclo financiero maduro. Igual que puede reforzar los mercados al alza, puede intensificar las caídas cuando cambia el ánimo, como han demostrado las últimas semanas".
Dónde se alarga la cadena
El asunto de fondo es que todo ese apalancamiento se apila sobre valoraciones altas y una fuerte concentración de mercado.
Bailey llama especialmente la atención sobre la creciente red de inversiones cruzadas entre empresas de IA y grandes proveedores de nube, y su advertencia es clara: que una gran compañía de IA tropiece podría arrastrar a otros gigantes tecnológicos y, después, al conjunto del mercado.
Es una inquietud distinta del habitual debate sobre si hay burbuja. La pregunta no es si los precios están altos, sino hasta dónde llega el daño cuando caen. Si las compañías son a la vez clientes e inversoras unas de otras, una pérdida en un balance erosiona un activo en otro.
La concentración forma parte del mismo cuadro. Cuando la mayor parte del valor del mercado se acumula en un puñado de compañías, una cartera que parece diversificada puede estar repitiendo la misma apuesta varias veces. Quien compra un fondo indexado acaba expuesto a las valoraciones de la IA sin haberlo elegido.
La segunda advertencia: el riesgo cibernético
La otra preocupación de Bailey son los modelos frontera. Ganan capacidades autónomas, pero también se vuelven más peligrosos.
En sus palabras, la IA frontera podría "alterar materialmente la velocidad, la escala y la economía del riesgo cibernético". Los ataques se abaratan y aceleran. Para los bancos eso significa que la naturaleza de la amenaza no cambia, pero sí su coste unitario, y cuando el coste baja el volumen sube.
El último punto destacable de la carta es el vacío regulatorio: muchos países siguen sin ninguna norma para la IA avanzada. Una tecnología capaz de amenazar la estabilidad financiera se desarrolla sin supervisión en la mayoría de las jurisdicciones.