El cofundador de Microsoft, Bill Gates, ve el desempleo masivo y el bioterrorismo como peligros reales de la inteligencia artificial. En un ensayo de cerca de 6.000 palabras y en una entrevista con The New York Times, describe el paso a la era de la IA como "uno de los periodos más convulsos de la historia humana". El mundo, dice, no se está preparando como debería y sencillamente no hay un plan.
Su crítica más dura apunta a su propio sector
Las palabras más afiladas de Gates van dirigidas al sector del que procede. Sostiene que minimiza los peligros a sabiendas porque hay demasiado dinero en juego.
La escisión que describe al diario resulta llamativa: "En privado, la gente que entiende lo bueno que es esto y lo mucho que está mejorando está muy preocupada". En público, en cambio, se dicen entre ellos: "Oye, no digas eso. Nos perjudica: el próximo billón que intentamos levantar".
Por qué "esta vez es distinto"
El argumento tranquilizador dice así: los cambios tecnológicos anteriores crearon más empleos de los que destruyeron, y este hará lo mismo. Gates considera ese consuelo un error. La era de la IA, afirma, es "absoluta, completa y totalmente distinta".
Su razonamiento gira sobre la velocidad y el alcance. El ordenador personal tardó veinte años en reconfigurar el trabajo; la inteligencia artificial funciona en dispositivos que la gente ya tiene y usa lenguaje corriente. En sus palabras: "No tenemos que adaptarnos a ella porque ella puede adaptarse a nosotros". Por primera vez una tecnología no solo puede sustituir la cognición humana sino superarla, y hacerlo en todos los sectores dentro de una sola década en lugar de a lo largo de generaciones.
Tres amenazas
- Pérdida permanente de empleo: golpea sobre todo a puestos de entrada y de nivel medio: ventas, atención al cliente, desarrollo de software y apoyo jurídico. El trabajo manual también está bajo presión conforme abaratan los robots, y buena parte de ese desarrollo ocurre en China.
- Armas biológicas: la IA facilita los ciberataques, el fraude y la desinformación, pero para Gates el problema de fondo es que rebaja el umbral para desarrollar armas biológicas.
- Daño psicológico y social: los efectos de los chatbots que generan adicción.
Para sostener el primer punto se apoya en un estudio de Stanford: desde que se extendió la inteligencia artificial, el empleo entre los trabajadores jóvenes en las ocupaciones más expuestas ha caído de forma apreciable, mientras que los colegas de más edad se han librado por ahora.
Qué propone
Gates rechaza de forma explícita la autorregulación del sector. En su lugar pide tres cosas: organismos de supervisión internacional, un impuesto sobre el uso de inteligencia artificial y trabajos de cuidados reservados exclusivamente a personas.
La propuesta fiscal reaviva un debate conocido: gravar la automatización que sustituye trabajo lleva años circulando. Pero la idea de empleos "reservados a humanos" es más nueva: dejar un trabajo en manos de personas por ley aunque sea técnicamente automatizable es un enfoque poco planteado hasta ahora.
Por qué importa
El peso de estas advertencias procede menos de su contenido que de su origen. Gates ha sido durante años una voz mesurada sobre la inteligencia artificial, alguien que subrayaba sus beneficios. Que alguien de dentro del sector, todavía vinculado a él, diga que "ocultan los riesgos por dinero" no equivale a la misma crítica formulada desde fuera.
Cabe una salvedad: Gates es cofundador de Microsoft y no es un observador independiente de las inversiones en inteligencia artificial de esa compañía. Su advertencia debe leerse en ese contexto, aunque precisamente por él llame la atención.