El secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, dijo que el país no está a favor de que Apple compre chips de memoria a fabricantes chinos. Añadió que deben encontrarse otras soluciones a la escasez de chips provocada por la inteligencia artificial.

Por qué la memoria se convirtió de pronto en un problema

Los chips de memoria fueron durante mucho tiempo el componente más corriente del sector tecnológico. Eran baratos, abundantes y su precio bajaba de forma constante.

La IA invirtió eso. Los sistemas que entrenan y ejecutan modelos necesitan cantidades extraordinarias de memoria rápida. La demanda de los centros de datos ha absorbido buena parte de la capacidad de fabricación.

La consecuencia alcanza a todos los demás productos que usan memoria: teléfonos, portátiles, consolas. Al hacer cola por las mismas líneas de producción, esos productos compiten ahora con los centros de datos.

El aprieto de Apple

Apple está en el centro de este cuadro. La compañía fabrica cientos de millones de dispositivos al año y todos llevan memoria.

En el mundo hay un puñado de grandes fabricantes de memoria, y una parte importante de su capacidad se ha destinado a pedidos de centros de datos. Los fabricantes chinos ofrecen en ese contexto una fuente alternativa, tanto en precio como en plazo de entrega.

La declaración del secretario encarece políticamente esa alternativa.

Presión, no prohibición

La distinción importa. La declaración no es una norma: no es una prohibición ni una sanción. Es una manifestación de preferencia.

Ese tipo de declaraciones funciona así: no fijan una regla directa, pero cambian el cálculo de riesgo de la empresa. Una compañía que entra en una relación de suministro que sabe que el departamento rechaza queda expuesta a una regulación que puede llegar más adelante.

Las grandes empresas suelen contabilizar esa incertidumbre como un coste y, la mayoría de las veces, dan marcha atrás.

Cuáles podrían ser las otras soluciones

Las alternativas que señala el secretario son limitadas en la práctica:

  • Corea y Japón: las fuentes principales actuales, pero su capacidad ya está comprometida.
  • Nueva producción en EE. UU.: aunque las decisiones de inversión estén tomadas, las plantas tardan años en producir.
  • Usar menos memoria: un cambio de diseño en el dispositivo, lo que implica renunciar a prestaciones.

Ninguna de las tres resuelve la escasez a corto plazo. Es decir, el coste de la restricción acabará reflejándose en el precio de los dispositivos.

El patrón más amplio

Por sí sola es una noticia pequeña, pero forma parte de un patrón. Las decisiones sobre la cadena de suministro en IA se toman cada vez más con criterios políticos y no comerciales.

Para las empresas eso crea un problema de planificación al que no están acostumbradas. Elegir proveedor ya no puede hacerse solo por precio, calidad y capacidad: también entra en el cálculo en qué país está ese proveedor y hacia dónde van las relaciones con ese país. Eso encarece y ralentiza las cadenas de suministro.