Dos socios de Andreessen Horowitz ocupan asientos en los consejos de administración de empresas que hoy compiten entre sí: Ben Horowitz en Databricks y Martin Casado en Fivetran. En la superficie no hay nada escandaloso. Pero, según informa TechCrunch, el Departamento de Justicia lleva casi un año investigando esa configuración y para hacerlo ha recuperado una ley de competencia de 112 años que apenas se ha empleado contra fondos de capital riesgo.
Lo nuevo no es el asiento en el consejo
Los conflictos en los consejos no son ninguna novedad en el mundo del capital riesgo. Que un inversor tenga influencia en más de una empresa de un mismo sector ha sido práctica corriente durante años. Además, cuando a16z invirtió por primera vez, Databricks y Fivetran no eran necesariamente competidoras directas.
Lo que cambió fueron las propias empresas. En infraestructura de datos las fronteras de producto se ensancharon deprisa, y dos compañías que empezaron haciendo cosas distintas acabaron vendiendo al mismo cliente para la misma necesidad. El inversor se quedó quieto; el mercado se movió.
Una pregunta para todo el sector
Por eso el alcance de esta investigación no se limita a a16z. La pregunta mayor que plantea es esta: ¿cómo gestiona un fondo los asientos en consejos cuando las fronteras entre sus participadas no dejan de moverse?
En la práctica hay unas cuantas respuestas, y todas tienen un coste:
- Dejar el asiento: el inversor pierde influencia sobre la empresa y el flujo de información que la acompaña.
- Pasar a la condición de observador: asistir sin voto; parte de la información sigue circulando.
- Levantar un muro de información: restringir lo que se comparte entre equipos del mismo fondo, algo difícil de auditar.
- Salir de una de las inversiones: la opción más limpia y la más cara.
Ninguna de ellas es ajena al sector; los grandes fondos ya las emplean. Lo nuevo es la posibilidad de que la elección deje de ser una práctica voluntaria para pasar a estar bajo supervisión.
Por qué importa para la inteligencia artificial
El capital en inteligencia artificial está concentrado en un número reducido de grandes fondos. Un mismo fondo invierte en varias empresas que operan en la misma capa, y las líneas entre proveedores de modelos, compañías de infraestructura de datos y herramientas para agentes se desplazan continuamente. Dos empresas que hoy parecen complementarias pueden ser rivales seis meses después por un solo anuncio de producto.
En ese contexto, los conflictos de interés dejan de parecer excepciones para convertirse en la norma. Que el Departamento de Justicia haya decidido reactivar esta norma sugiere que un terreno gobernado hasta ahora por los usos del propio sector puede empezar a ser supervisado desde fuera.
Entre los demás asuntos comentados en ese mismo episodio de Equity, de TechCrunch, figuraron la compra por parte de Stripe del enrutador de modelos OpenRouter por 7.500 millones de dólares, la ronda de 150 millones levantada por Also, escindida de Rivian, y los 280 millones captados por la aplicación de dictado Wispr con una valoración de 2.000 millones.