Spirit Airlines se declaró en quiebra esta primavera, pero la aerolínea de bajo coste todavía vale algo, al menos para los gigantes de la inteligencia artificial. A mediados de agosto, Google ganó con una oferta de 10 millones de dólares la puja para comprar unos 34 años de datos de la compañía: desde facturas e información de operaciones de vuelo hasta ventas de wifi, registros de personal y emparejamientos de tripulación.
En un comunicado, un portavoz de Google señaló que los datos "pueden ayudar a mejorar nuestros productos y modelos de inteligencia artificial". La venta no incluiría datos de clientes y Google "no recibirá ninguna información personal de este conjunto de datos", afirmó. La oferta ganadora, elegida frente a una propuesta rival de 7,5 millones de la empresa de datos y entrenamiento Mercor, debe ser aprobada por un juez.
El sindicato se opuso
Si de los extripulantes depende, esa aprobación no llegará con facilidad. Días después del anuncio, el sindicato que representa a 5.500 extripulantes presentó una objeción. Los abogados de la Asociación de Auxiliares de Vuelo, con 55.000 afiliados, sostienen que la venta incluiría una enorme cantidad de información sensible y que ni las salvaguardas prometidas por Google evitarían vulnerar la privacidad de décadas de tripulantes que jamás imaginaron que sus datos se venderían para entrenar sistemas de IA.
Los datos de los empleados "no tienen por qué venderse", declaró Sara Nelson, presidenta del sindicato, en un comunicado escrito a Wired. "¡Esto es indignante!"
Qué abarca la venta
Según un escrito judicial, la venta incluye:
- Más de un millón de registros de fichaje
- Más de 175.000 expedientes de personal y cerca de 150.000 formularios fiscales
- 80.000 cuentas de correo electrónico
- 17 millones de archivos individuales en la nube y 20,6 millones de archivos corporativos compartidos
- 500 millones de registros de mensajería corporativa
El escrito describe un proceso por el cual el comprador —Google— seleccionaría o aprobaría a un tercero para despojar los datos de los elementos que pudieran vincular la información con un consumidor concreto. La vista sobre la venta se ha aplazado al 9 de septiembre.
Al consumidor se le protege; al trabajador no
La objeción abre un frente nuevo en las guerras por los datos para IA, mientras Google, OpenAI, Anthropic y Mercor buscan a la carrera nuevas fuentes con las que entrenar sus productos. La ley estadounidense ya contempló cómo proteger los datos de los consumidores tras una quiebra, normas que cobran ahora nueva relevancia.
Pero la objeción de los tripulantes pone de relieve el hueco entre la protección de datos de consumidores y la de trabajadores. Según los juristas, marca el primer choque público entre sindicatos y empresas por la venta y el uso de datos de empleados para entrenar inteligencia artificial.
Seema Patel, profesora de Derecho en la Universidad de California que estudia cuestiones laborales y tecnología, describe así el vacío: "No hay frontera entre la información y los datos que produce el empleado y su propia información personal. La ley no ha llegado a tiempo. Las empresas se están dando un festín con esto".
Por qué importa
Un extripulante, que habla de forma anónima porque sigue buscando trabajo, cuenta que los correos y archivos de los empleados contenían información personal y médica muy sensible compartida con la aerolínea en los acuerdos laborales y de seguros: desde abortos espontáneos hasta episodios de violencia doméstica. "Hay un enorme consenso de sentirse profundamente vulnerado por esto", afirma.
En su objeción, el sindicato sostiene que "desidentificar" los datos de los empleados no equivale a garantizar la confidencialidad. El motivo está en la propia tecnología: la inteligencia artificial hace mucho más fácil que antes volver reidentificable a una persona a partir de fragmentos dispersos.
El desenlace de esta venta sentará precedente en un momento en que se multiplican las empresas dedicadas a vender los datos de compañías desaparecidas. Antiguos registros de mensajería, repositorios de código y unidades en la nube ya están cambiando de manos. La pregunta es esta: cuando una empresa se hunde, ¿de quién son los datos que produjeron durante años las personas que trabajaron allí?