¿Qué ocurrió?
David Gewirtz, redactor de ZDNET, planteó una sola pregunta a 138 desarrolladores que usan de forma activa herramientas de programación con IA: "¿Usas Claude Code u OpenAI Codex? Si es así, ¿cuál elegiste y por qué?".
El dato principal: tres de cada cuatro desarrolladores usan Claude Code. Algo más de un tercio de los encuestados usa Codex y un 22 % usa ambos, motivo por el cual los porcentajes no suman.
Los límites del método
El propio autor señala con claridad que no se trata de una encuesta científica. Las respuestas se recogieron publicando una convocatoria de opiniones en dos servicios —HARO y Qwoted— especializados en conectar a expertos que quieren ser citados o entrevistados con periodistas y analistas.
Eso significa que la muestra no es aleatoria: quienes respondieron son personas registradas para hablar con los medios que vieron la convocatoria y decidieron contestar. El resultado, por tanto, no es una radiografía de la población de desarrolladores, sino la distribución entre los participantes de esos dos servicios.
En cifras
- Encuestados: 138 desarrolladores
- Usan Claude Code: tres de cada cuatro
- Usan Codex: algo más de un tercio
- Usan ambos: 22 %
- Método: convocatoria abierta en HARO y Qwoted
- Muestra científica: no
Las conclusiones del autor
Gewirtz enumera tres. La primera, que Claude Code domina pero Codex tiene ventajas decisivas. La segunda, que el coste, el flujo de trabajo y la confianza pesan tanto como la calidad del código. La tercera, que se elija la IA que se elija, la revisión humana sigue siendo imprescindible.
Añade además que el hallazgo coincide con lo que observa a su alrededor: muy pocos de sus colegas desarrolladores hablan de Codex y todos hablan de Claude Code.
¿Por qué es importante?
Los criterios enumerados resultan más interesantes que la propia cifra. Si la calidad del código decidiera por sí sola la elección de una herramienta, la decisión podría tomarse mirando las puntuaciones de las pruebas. Que el coste y el flujo de trabajo cuenten con el mismo peso indica que la decisión se toma en el uso diario.
El 22 % que usa ambas apunta en la misma dirección: las herramientas no se emplean como opciones excluyentes, sino como instrumentos distintos para trabajos distintos.
Lo que la encuesta no puede decir
Lo que una distribución así no puede mostrar es cuán duradera es la preferencia. El coste de cambiar entre herramientas de programación es bajo: otra extensión en el mismo editor, otro comando en el mismo repositorio. Que una herramienta encabece esta medición no significa que vaya a encabezarla dentro de seis meses.
La segunda carencia es la intensidad de uso. Una respuesta de "lo uso" mete en el mismo saco a quien lo emplea ocho horas al día y a quien lo abre una vez al mes. Al hablar del peso de una herramienta, esos dos usuarios no pueden contar igual.
Qué no está cerrado
La encuesta no se apoya en una muestra científica y sus resultados no pueden generalizarse a la población de desarrolladores. Tampoco se compartió un desglose de los países, los niveles de experiencia ni el tipo de proyectos de los encuestados.