Habrás visto los vídeos de robots humanoides bailando, caminando y dando volteretas en redes sociales. Detrás de la mayoría hay una sola empresa: Unitree. Según Wired, sus modelos G1 y R1 superaron las 5.500 unidades vendidas en 2025 y la compañía prepara su salida a bolsa en China.

Por qué son tan visibles

El éxito de Unitree es tan comercial como técnico. Los robots humanoides fueron durante mucho tiempo máquinas de millones de dólares propias de laboratorios de investigación. El G1 rompió ese patrón: un robot relativamente asequible que camina nada más sacarlo de la caja y puede programarse.

Ese precio abrió una base de clientes nueva: universidades, pequeños grupos de investigación, empresas de espectáculos y creadores de contenido. De ahí vienen los vídeos virales: la mayoría de quienes compran el robot no hacen un trabajo con él, lo enseñan.

La pregunta de fondo

Es exactamente lo que pregunta Wired: el G1 ha logrado encandilar al público, pero ¿podrá alguna vez desempeñar un trabajo real?

En robótica humanoide esa es la parte más difícil. Que un robot camine es un problema resuelto; que complete una tarea útil en un entorno impredecible, no. Hay mucha distancia entre caminar recto por el suelo de una fábrica y transportar cajas por un almacén desordenado.

Los ejemplos de humanoides usados en trabajos reales siguen siendo limitados y la mayoría está en fase piloto. Una cifra de ventas de 5.500 no significa que 5.500 robots estén trabajando.

El contexto de la salida a bolsa

Que la empresa prepare su salida a bolsa vuelve esa pregunta más apremiante. La valoración de una empresa de robótica descansa menos en las unidades que vende que en la expectativa de para qué servirán esos robots.

Desde la óptica del inversor hay dos escenarios:

  • Plataforma de investigación: el robot sigue siendo una herramienta, con una clientela limitada a laboratorios y centros educativos. El mercado es real pero pequeño.
  • Mano de obra: el robot trabaja en un almacén, una fábrica o el sector servicios. El mercado es enorme pero aún no está probado técnicamente.

El precio se fija según el segundo escenario mientras el uso actual se parece más al primero.

El lado de la IA

El cuello de botella aquí no es mecánico sino de software. Las piernas del robot funcionan; lo que falta es la capa que decide qué hacer. Eso lo convierte en el equivalente físico del mismo problema que se ve en los modelos de lenguaje: capacidad sin fiabilidad.

La mayor parte del trabajo reciente en robótica apunta justo a ese hueco: modelos que combinan visión, lenguaje y movimiento. Cuando esa capa se asiente, la cifra de 5.500 significará algo muy distinto.

Por qué China va por delante

Los fabricantes chinos encabezan la robótica humanoide por la producción más que por la investigación. La mayor parte del coste de un robot está en motores, engranajes, sensores y baterías, todos ellos piezas de la cadena de fabricación electrónica.

Donde esa cadena está concentrada, construir un robot barato resulta posible. La misma ventaja se dio antes en drones y vehículos eléctricos; se repite ahora en los humanoides.

La mayoría de rivales occidentales desarrollan máquinas más capaces pero mucho más caras. Qué enfoque gane depende de si el robot puede desempeñar de verdad un trabajo: si puede, decide la capacidad; si no, decide el precio.