Un análisis de Bloomberg halla que los ciudadanos chinos son notablemente más optimistas sobre la IA que los estadounidenses. La explicación que ofrece el texto es que ambas sociedades han tenido experiencias distintas con la tecnología.
Dos expectativas distintas
El argumento central es este: la experiencia vivida con la tecnología determina lo que se espera del futuro de esa tecnología.
En China, durante los últimos veinte años, la tecnología se ha vivido como algo que facilitaba de forma visible la vida diaria: pagos, transporte, compras y servicios públicos. Esa experiencia alimenta la expectativa de que una tecnología nueva traerá una comodidad parecida.
En Estados Unidos, en cambio, el relato tecnológico de esos mismos veinte años es más ambiguo: los efectos de las redes sociales, las discusiones sobre privacidad, el impacto de la automatización en el empleo industrial. Ese poso produce una aproximación más cautelosa a lo nuevo.
El miedo a perder el empleo
El segundo punto del análisis es más concreto: se afirma que en China la IA altera el trabajo de una proporción menor de la población.
Eso se deriva de la diferencia en la estructura del empleo. Los trabajos que los modelos de lenguaje afectan de forma más directa —producción de textos, atención al cliente, tareas de oficina, trabajo del conocimiento como el derecho o el marketing— tienen mayor peso en la economía estadounidense.
Que una tecnología amenace tu propio empleo es el factor más determinante de cómo la ves. Desde esa lectura, la diferencia entre ambas sociedades es menos de actitud que de posición.
Los límites de estas comparaciones
Las comparaciones de opinión entre países deben leerse con cuidado. Los resultados varían según cómo se formulen las preguntas, a quién se pregunte y cuán cómodo resulte expresar una opinión crítica en ese país.
La política tecnológica es una de las agendas prioritarias del Estado en China; en ese contexto también hay que considerar la distancia entre la actitud privada y la expresión pública. Se desconoce si el análisis incluye esa advertencia.
Por qué importa en otros lugares
La comparación ofrece un marco también para otros países. Cómo ve una sociedad la IA está directamente ligado a qué tipo de trabajo predomina en su economía.
En una economía basada en el trabajo del conocimiento la ansiedad es mayor; en otra orientada a la industria, la agricultura y los servicios, la IA se percibe antes como una herramienta. No es una cuestión de que una actitud sea "correcta" o "equivocada", sino de quién carga con el riesgo de perder algo.
Hacia dónde corta el optimismo
Que una sociedad sea optimista respecto a una tecnología no significa que allí vaya a usarse mejor. También vale lo contrario: una sociedad inquieta puede producir una regulación más cuidadosa.
De hecho, los ejemplos más detallados de legislación sobre IA salen de las regiones donde la opinión pública está más intranquila. La inquietud parece un obstáculo, pero suele ser lo que hace que las normas se escriban pronto.
El optimismo, en cambio, acelera la adopción. Una sociedad que adopta rápido una tecnología también aprende pronto para qué sirve, y ese aprendizaje se convierte en ventaja competitiva.
Ambas actitudes tienen un coste: el optimismo retrasa la supervisión; la inquietud, la adopción. Cuál sale más caro solo se ve después.
Tres orígenes de la diferencia
- Experiencia pasada: en China la tecnología se vivió como algo que facilitaba la vida diaria.
- Estructura del empleo: el trabajo del conocimiento que más afectan los modelos pesa más en la economía estadounidense.
- Margen de expresión: la distancia entre actitud privada y declaración pública varía según el país.